El departamento del Chocó enfrenta una brecha estructural y una alta dependencia de las redes móviles.
Por Johana Lorduy
El terremoto que sacudió varias regiones del país no solo puso a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y de los operadores de telecomunicaciones.
También dejó en evidencia una brecha que persiste entre los departamentos en materia de conectividad y acceso a internet, tanto fijo como móvil.
Los datos más recientes del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) muestran diferencias importantes entre las regiones afectadas. Mientras Risaralda, Quindío y Valle del Cauca cuentan con niveles de acceso a internet fijo superiores al promedio nacional, Chocó permanece rezagado y enfrenta una dependencia mucho mayor de las redes móviles.
De acuerdo con el último boletín trimestral de las TIC, Risaralda registra 24,88 accesos a internet fijo por cada 100 habitantes y Quindío 24,33, cifras que los ubican entre los departamentos con mayores niveles de penetración del país, solo por debajo de Bogotá D.C. y Antioquia.
Valle del Cauca también mantiene una posición favorable, con 22,50 accesos por cada 100 habitantes, por encima del promedio nacional de 19,51. Además, fue el departamento de este grupo que presentó el mayor aumento absoluto frente al año anterior, con 2,13 puntos adicionales.
Caldas, por su parte, registra 19,02 accesos por cada 100 habitantes, un nivel cercano al promedio nacional, aunque ligeramente por debajo. El departamento mostró un crecimiento de 1,57 puntos frente al periodo anterior.
El contraste aparece con mayor claridad en Chocó. El departamento registra apenas 6,06 accesos de internet fijo por cada 100 habitantes, una cifra que lo ubica entre los territorios con menor penetración del país y que representa menos de una tercera parte del promedio nacional.
Aunque Chocó mostró un crecimiento importante frente al año anterior, al pasar de 4,29 a 6,06 accesos por cada 100 habitantes, la brecha continúa siendo amplia frente a departamentos como Risaralda y Quindío.
“Para la industria TIC, el terremoto evidenció, de una manera muy dolorosa, que las brechas de conectividad siguen siendo un problema de país”, señaló Geusseppe González Cárdenas, director para América Latina de Access Partnership.
La ruralidad profundiza la brecha
La diferencia se hace todavía más evidente cuando se observa qué tipo de conexión utilizan los hogares ubicados en centros poblados y zonas rurales dispersas. Los datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del Dane muestran que el internet móvil es una de las principales vías de acceso entre los hogares rurales que cuentan con conexión, una tendencia que ganó peso entre 2024 y 2025.
En Chocó, el fenómeno es especialmente marcado. Para 2025, el 100% de los hogares rurales conectados (consultados por la encuesta) reportó acceso a internet móvil, frente al 89,4% registrado en 2024.
En otros departamentos de la región también aumentó el peso de la conexión móvil. Quindío se ubicó alrededor del 86%-87%, frente al 73,1% del año anterior, mientras Valle del Cauca pasó de 58,7% a niveles cercanos al 73%-74%. Risaralda se situó alrededor del 69%-70% y Caldas en niveles cercanos al 65%-66%.
El comportamiento muestra que la conectividad móvil se ha convertido en una herramienta fundamental para llevar internet a zonas donde el despliegue de infraestructura fija resulta más complejo o costoso.
Sin embargo, el caso de Chocó presenta una diferencia estructural, la limitada presencia de infraestructura fija hace que la conexión móvil tenga un peso mucho mayor en el acceso de los hogares rurales.
Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del Dane, en 2025 el indicador de hogares rurales con acceso a internet fijo en Chocó fue de 0,0%, frente al 12,8% registrado un año antes.
El dato contrasta con otros departamentos de la región, donde los hogares rurales reportan una combinación de conexiones fijas y móviles.
Una brecha difícil de cerrar
Cerrar esta brecha tampoco es un desafío homogéneo. Según expertos del sector, en Chocó confluyen factores que hacen más complejo y costoso desplegar y mantener infraestructura de telecomunicaciones, entre ellos las condiciones del suministro eléctrico, la geografía, los factores meteorológicos y la presencia de zonas afectadas por el conflicto armado.
“En Chocó las condiciones son particularmente complejas. No se trata solamente de llevar una red hasta una determinada población, sino de garantizar energía, seguridad, acceso y condiciones para que esa infraestructura pueda operar y mantenerse en el tiempo”, explicó González Cárdenas.
Por eso, el reto para Chocó no pasa únicamente por aumentar la cobertura. También implica construir redes con mayor capacidad de respaldo y garantizar las condiciones para que puedan mantenerse operativas.
Ahora bien, esta situación adquiere una dimensión adicional cuando ocurre una emergencia. Tras el terremoto, el aumento repentino del tráfico generado por miles de usuarios que intentaban comunicarse al mismo tiempo puso presión sobre las redes móviles. A esto se sumaron afectaciones en infraestructura y en el suministro eléctrico en algunas zonas.
Las interrupciones no obedecen necesariamente a daños en las antenas. Durante una emergencia, un incremento extraordinario y simultáneo del tráfico puede generar saturación incluso cuando parte de la infraestructura continúa operativa.
No obstante, el episodio también reabrió la discusión sobre la necesidad de contar con sistemas de comunicación de emergencia más robustos y con mayor capacidad de respaldo.
González Cárdenas considera que la Red Nacional de Comunicaciones de Emergencia debería ocupar un lugar central en esa discusión y avanzar en su modernización, gobernanza y operación.
“Un asunto que debería estar en el primer renglón de la conversación es la Red Nacional de Comunicaciones de Emergencia. En un país expuesto a volcanes, terremotos y otras situaciones de emergencia, esta infraestructura debería ser prioritaria”, sostuvo.
A su juicio, el sistema debería incorporar tecnologías de punta y obligaciones regulatorias modernas que permitan fortalecer su capacidad de respuesta y garantizar comunicaciones cuando las redes comerciales enfrenten una situación extraordinaria.
Por eso, cerrar la brecha digital no pasa únicamente por aumentar el número de usuarios conectados. También implica diversificar las tecnologías disponibles, fortalecer la infraestructura y aumentar la resiliencia de las redes, especialmente en territorios con mayores dificultades geográficas y menor despliegue.
Publicado el 13 de Agosto de 2026 en Portafolio.
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