Por: José Hilario López
“El capitalismo y el individualismo son filosofías sociales fallidas”, así encabeza Richard Lowenthal, periodista y profesor alemán, en un artículo publicado en setiembre de 2024 en In Injustice!
Revisemos un poco la historia. En la década de los 90 del siglo pasado el mundo occidental celebró con entusiasmo la caída del Muro de Berlín y la consecuente victoria del capitalismo. Tras el colapso de la URSS y el fracaso del comunismo ruso, Europa Occidental y Estados Unidos, envalentonados con la supuesta supremacía del capitalismo y del individualismo, echaron por la borda la incipiente socialdemocracia. En lo corrido del presente siglo, lo que vemos como resultado es un capitalismo neoliberal despiadado y desenfrenado, el auge de los multimillonarios y el debilitamiento de la clase media. Los ricos se enriquecen cada vez más y las filas de los pobres crecen por doquier. Y falta ver hacia donde llega el poder de los superricos en la era Trump.
Para comenzar hay que reconocer que todos necesitamos individualidad y sentido de comunidad. En términos generales, históricamente el mundo oriental desarrolló culturas basadas en la comunidad o la familia, mientras que Occidente desarrolló culturas más individualistas. Oriente desarrolló un fuerte sentido de comunidad, mientras que Occidente creó un fuerte sentido de individualismo.
Oriente tiene comunidad/familia, pero carece de apoyo social para el individualismo. Occidente tiene un fuerte individualismo, pero carece de sentido de pertenencia y comunidad. Curiosamente, cada lado necesita lo que el otro ya tiene: la historia reciente lo confirma.
Hay que reconocer que todos necesitamos y queremos libertad y conexión social, individualidad y comunidad. Si bien es una generalización burda, se puede decir que las personas criadas en culturas orientales tienen un sentido mucho más fuerte de los vínculos familiares y culturales tradicionales, mientras que los occidentales enfatizamos la individualidad y la libertad, pero le restamos importancia a la familia y a la comunidad.
Cada enfoque se centra solo en la mitad del espectro: Oriente desarrolló un fuerte sentido de comunidad, mientras que Occidente creó un fuerte sentido del individualismo. Más simple aún: en Occidente, el “yo” es más importante y valorado que el “nosotros”, mientras en Oriente el “nosotros” se considera generalmente más relevante que el “yo”.
A partir de la década de 1950, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se movió rápidamente para crear y fomentar una vasta “economía de consumo”, impulsada por deseos y necesidades cada vez mayores por parte de su población. El “estilo de vida del consumo” y de movilidad social ascendente (the american way of life) se expandió rápidamente por el mundo occidental y se convirtió un mantra colectivo que se tradujo en «más, más, más» Para agravar la situación, a partir de la década de los 80´s, el triunfante capitalismo envalentonó a Estados Unidos a abandonar las tendencias socialdemócratas, originadas en los años treinta, el New Deal (Nuevo Trato) del presidente Roosevelt, y a adoptar el modelo neoliberal (teoría política y económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado). A su vez, Oriente adoptó rápidamente el modelo de crecimiento y el consumismo occidental.
Para América Latina el modelo neoliberal impuesto por el Consenso de Washington ha sido desastroso. Este Consenso consiste en un conjunto de fórmulas económicas impulsadas por varios organismos financieros internacionales en los años ochenta y noventa del siglo pasado, con sede en la capital de Estados Unidos, auspiciado por el gobierno de ese país. El objetivo principal del Consenso de Washington fue la reactivación y promoción del crecimiento económico en América Latina, pero en la práctica lo que hizo fue implantar el neoliberalismo en nuestra región, lo que significó debilitar y en parte acabar con la poca industrialización existente, convirtiéndonos en exportadores netos de materias primas en bruto, desatendiendo aspectos como nuestra latente desigualdad en la distribución del ingreso, de hecho, hoy somos la región más desigual del mundo.
Consumismo, ambientalismo y ecología
A partir de los años 60 y 70 del siglo pasado surgió un amplio movimiento ambientalista que intentó frenar los excesos del capitalismo y el consumismo, buscando renovar nuestros vínculos con la Madre Tierra. Pero, si analizamos los últimos 50 años, el movimiento ambientalista ha fracasado, al no haber logrado frenar al capitalismo neoliberal ni al consumismo desbordado de las clases altas. Hoy, la fuerza destructora neoliberal sigue avanzando a toda velocidad, aplastando o destruyendo todo a su paso: el opulento estilo de vida consumista, que engendró, sigue extendiéndose y acelerándose por todo el mundo.
Si tanto el individualismo como el capitalismo neoliberal son filosofías sociales fallidas ¿cuál es la alternativa?: Lowenthal cree que se puede vislumbrar un futuro alternativo mejor, si es que logramos sobrevivir a la anunciada catástrofe ambiental. En su opinión, las mejores sociedades «compuestas», aquellas que combinan el individualismo positivo, el capitalismo controlado y el énfasis en la comunidad tipo oriental, se encuentran en las llamadas socialdemocracias europeas: Un sistema político basado en la democracia representativa, complementado con políticas para la redistribución del ingreso y regulación de la economía, mediante disposiciones de interés general conducentes hacia un estado de bienestar.
Aunque para muchos la socialdemocracia europea se encuentra en crisis, los demócratas liberales consideramos que reconstruir y revitalizar la socialdemocracia es la alternativa para detener los avances del neoliberalismo y posibilitar el renacimiento de sociedades más justas, basadas en la garantía del respeto por los derechos humanos y la equidad social. En nuestro concepto, la cooperación y “la cultura de comunidad”, constituyen requisito sine qua non para afrontar la lucha contra el cambio climático, mejor llamado Cambio Global, el gran reto de nuestra civilización.
Educar para la democracia, la cooperación y la cultura de comunidad es el reto para los educadores y políticos de “buena voluntad”, que, aunque escasos, también los hay.
Articulo del 23 de marzo de 2025