Por Cristian Castro Lopez. – @chrisarquitecto.
Es alarmante la manera acelerada con que los municipios del Oriente antioqueño están creciendo en términos de población y expansión urbana; un amigo me decía jocosamente que “Rionegro y Marinilla estaban a tres edificios de distancia” y aunque parezca un chiste, estas dos serán las primeras poblaciones que alcanzarán el fenómeno de la conurbación en el corto plazo.
Este ritmo devorador del suelo supera ya las capacidades de control en los despachos de “Planeación Municipal”, llevándolos a dejar de pensar en el futuro, por mirar y resolver las urgencias apremiantes del presente. Haga usted, estimado lector, el ejercicio desde Google Earth: allí podrá ver las transformaciones municipales y su huella urbana con solo cambiar de año en los registros satelitales.
Soltamos la necesidad de pensarnos en décadas, por aferrarnos a la operatividad de expedir licencias de construcción rentables. Qué beneficioso sería que los mandatarios construyeran sobre “hombros de gigantes”, no dedicando los cuatrienios administrativos para demostrar resultados contrarreloj (inconexos e inmediatos), sino para que cada uno ponga su ladrillo en la edificación de un modelo de futuro. Oriente: ¿qué región queremos ser? Pensémoslo con el deseo y también con la realidad.
Es urgente tener una armonización de planes intermunicipales con enfoque regional y no parroquial; cualquier figura asociativa que se implemente deberá contener reglas claras de participación, garantías para localidades pequeñas sin someterlas a financiar proyectos que no resuelvan sus prioridades, con principios que impidan a municipios grandes ejercer centralismo y subordinación sobre el vecindario y también con mecanismos de control burocrático. El verdadero riesgo no es constituir un área metropolitana, sino seguir actuando de manera disgregada mientras el crecimiento urbano, el deterioro ambiental y la inequidad social avanzan velozmente.
El Oriente debe decidir si quiere planearse como una región organizada o dejar que la especulación inmobiliaria lo planee a su antojo, si el diseño de una figura metropolitana está basado en la confianza, la equidad y la claridad, no debería ser un dilema citar a una consulta participativa. Falta pedagogía, bajo gravedad de juramento, para esclarecer todo el marco teórico y práctico que contenga.
Qué bueno un instituto autónomo de planeación regional, nutrido con el conocimiento de la academia, las empresas, el Estado, las instituciones y la ciudadanía, con principios de cooperación y una solidez por encima de cualquier color político. Ojalá el Oriente logre convertirse en una región que crece con orden y consenso, que salvaguarde su riqueza natural, atrayendo inversión y con un merecido sistema de transporte público multimodal.
O planeamos juntos en medio de nuestra diversidad, o nos resignamos a ser un mosaico de decisiones desconectadas que, tarde o temprano, terminarán pasando factura.
Publicado el 4 de octubre de 2025 en Vivir En El Poblado.
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